15 de octubre de 2008

Examen


Una caricia al corazón, y al ego tal vez. Los exámenes de matemática para mi son algo especial, no sé porque.

Teorías puedo elaborar muchas respecto a porque puede ser, pero creo que la que más se acerca a la realidad es la que, en resumidas cuentas, me dice que me hacen refrescan de vez en cuando de todo aquello de lo que soy capaz y que aquellas frustraciones, pequeñas la mayoría y otras no tanto, no son mi verdadero yo y no reflejan lo que soy en verdad.

Creo que es eso, creo que frente a esos exámenes en vez de ponerme nervioso frente al reto, me pongo como un chico que esta por jugar y que sabe que luego de jugar no va a tener que preocuparse de recoger los juguetes y llevarlos a la caja respectiva, y que encima lo van a felicitar y van a darle un dulce antes de dormir.

Hoy al momento de terminar de leer los enunciados, vi que aunque me llevaría tiempo, ese parcial ya estaba resuelto y que no había nada que me impidiera hacerlo de principio a fin.

Tengo una sensación muy parecida a la que tuve cuando escribí "Paz y Matemática", y como dije aquella vez, en esta no me importa si me ponen un 10 o un 4, lo único que me importa en este momento es que di lo que tenia que dar, ahora depende de otros, y yo quedo con la sensación de deber cumplido y feliz.

6 de octubre de 2008

Cansancio

Estoy cansado, mucho. Hoy me aflojaron un poco la cuerda, lo que esta bueno. Pero necesito aire y agua libres.

Y lo peor de todo es que no sé si quiero volver a perseguir salmones la verdad...

27 de septiembre de 2008

Lluvia

Que paz que da la lluvia!

Pero no esas lluvias pesadas y apremiantes que te empapan a los 20 metros de haber dejado la puerta de tu casa, sino esas finas lluvias que además de humedecer levemente tu ropa, penetran a través de tu piel y lavan tu corazón de todas las impurezas e inquietudes que te vienen apremiando desde hace mucho tiempo.

Me encanta la lluvia... No hay nada que hacerle. Pero no me refiero al fenómeno físico que se describe como: "la caída de agua al estado líquido desde un punto a gran altura hacia la superficie terrestre". No. Me refiero a el ambiente cuando llueve. A mi debajo de la lluvia, caminando lentamente por cuadras y cuadras de casas bajas, con lindas plantas, viendo aparecer ante mi una plaza que no había visto nunca, comiendo chocolate, escuchando pájaros, y sobretodo viendo.

Lo que me acaba de pasar es hermoso. Salí de casa con la única intención de comprarme un helado. Que sé yo, se me había antojado un helado en un no muy frío día de lluvia. Fui hasta el kiosco a media cuadra de casa y por una de esas casualidades de la vida, estaba cerrado. Decidí entonces que con las ganas no me iba a quedar y fui hacia otro que está diametralmente opuesto al de recién respecto de mi departamento, y al que no voy muy seguido porque queda "para atrás" si es que cabe la expresión. Es que la salida que tengo da hacia un lado y el centro, la parada del colectivo y todas las cosas que generalmente hago en el mismo sentido. Bueno cuando estaba llendo empecé a sentir una frescura particular a mi alrededor y la somnolencia que me había abordado después de comer me empezaba a abandonar. Eso me dio ese "no sé que" que me da siempre la lluvia y me dí cuenta que en realidad yo no conocía la "parte de atrás" del barrio.

Mientras pensaba en todo pero en nada en particular caí en la cuenta que el kiosco al que iba había quedado cuatro cuadras antes, que estaba cerrado y que el chocolate que estaba paladeando lo había comprado en otro local distinto.

Pero de todas formas observaba, grandes racimos de pequeños frutos rojos, un púrpura perfecto de las hojas de las plantas santa rita, hojas de todas las formas y tamaños con un verde que invadía todo lo que uno podía llegar a imaginar y de repente, al medio de la ciudad un gran predio sin edificar, con un par de arcos de fútbol, unas hamacas y un par de cosas por el estilo. Y sin querer estaba pensando en Los Antiguos y a la vez en Tandil.

En Los Antiguos porque por un instante creí llegar a casa, porque aunque el paisaje es totalmente distinto, tuve la sensación de entrar en el portón azul de la chacra para llegar en pocos metros a comer tortas fritas en la mesa que hizo Don Juan al costado del fogón de ladrillos con un par de troncos de cerezo y alguno de álamo ardiendo a todo vapor. Pero cuando se fue esa ilusión no me sentí mal ni mucho menos. Sentí que eso es una de las pocas cosas que tengo y que llegado el caso nadie, pero nadie me va a poder sacar.

Y otros de esos momentos y recuerdos me llevaban a Tandil. Ambos en días muy parecidos a este. El primero de ellos era uno de los primeros días después del ingreso, un gris martes sin cursada y en la ventana más grande de mi departamento golpeaba suavemente la lluvia, así que en vez de ver programas de televisión sin sentido decidí mudar el colchón desde la cama hasta ponerlo en primera fila ante ese maravilloso espectáculo, el cual me acurrucó cantándome el "pío pío" como lo hacían mis papás cuando era chico.

El otro momento fue un tanto distinto, ya que en vez de quedarme en casa esperando protección de algo o alguien, quise ir a encontrarme con la soledad en los empedrados del centro y terminé con su prima tranquilidad mientras leía noticias que hoy no recuerdo en Clarín mientras tomaba un submarino en Liverpool Pub.

Creo que por eso me gusta la lluvia, no se porque más. La sensación de calma, paz y protección que me genera es algo que es casi imposible de describir. Y espero algún día hacerlo acabadamente, pero por ahora esto es lo que tengo.

Suerte, nos vemos.

25 de agosto de 2008

El Salmon

Su actitud es extraña, se mantiene distante. No da señales de querer quedarse por momentos, y al poco tiempo da a entender que nunca abandonará ese precioso lugar.


Tal vez sea yo quien en realidad no sepa descifrar sus intenciones, pero me confunde y embrolla. Y ante esa situación, ¿qué hacer? No se puede más que esperar.

Sin embargo, el animal parece decidido. Su actitud lo demuestra, ya sabe cuál de todos los posibles estanques a los que puede aspirar será su receptor. O por lo menos hará el intento, si es necesario saltar mil cascadas y enfrentarse a cientos de depredadores, los saltará y enfrentará, siempre y cuando se le demuestre que es un lugar que esta dispuesto especialmente para aceptarla.

Ahora surge la pregunta de fondo, la que me tendría que haber hecho hace algo de tiempo, ¿Está realmente ese animal aquí o simplemente yo lo veo acá?

23 de agosto de 2008

Espejo de agua

Es preciosa la vista. Una laguna muy apacible, rodeada de añejas plantas de lengas y ñires. Con imponentes picos a su alrededor, con una costa de un húmedo suelo recubierto árboles jóvenes, pequeñas hierbas y mínimos musgos que dan tonalidades de verde en prácticamente toda su gama.





Es una laguna muy tranquila, sin demasiados sobresaltos en toda su historia. Una laguna muy accesible, a la cual uno llega sin necesidad de escalar peligrosos riscos ni de enfrentarse a feroces bestias. Pero si uno quiere llegar debe saber elegir la senda a tomar, que camino hay que caminar. Dependiendo del día y de la posición del sol, el propio estanque da señales que te indican el camino, si uno las sabe ver, como por ejemplo un fulgor extraño entre la espesura del bosque o una sensación de frescura ambiental diferente cuando uno se encuentra cerca.

Muchas veces la he visitado, y hoy está diferente. Observando veo que no están las tradicionales huellas de huemules, ovejas y pumas que se acercan a tomar agua. Sin embargo hay rastros de olas, algo raro, sobretodo en un ambiente sin viento y grandes tormentas como ese. Encima estamos saliendo del inverno, lo que lo debe haber tenido recubierto de una capa de escarcha y nieve que hace imposible que el agua se mueva. Lo que deja claro que la convulsión viene de adentro.

Espero, miro cuidadosamente el ambiente. Es diferente hoy. Es una época tranquila del año, con luna nueva durante las noches, que deja ver un campo sembrado de pequeñas motas estelares bañando todo de una muy fría y tenue luz. Pero ahora es de día y como siempre no hay más que yo y esta laguna.

Escucho y analizo, y un claro chapoteo me hace dar vuelta la cabeza. Ahí lo veo, el causal de toda esa extrañeza en el ambiente. Un hermoso salmón rosado, con betas marrones en su lomo de gran tamaño, que busca alimentarse de lo distraidos mosquitos que sobre vuelan la calma superficie.


Es soberbio y me demuestra sus cualidades y fortalezas, pero sin embargo se oculta y me deja intrigado. Busco y encuentro un desagüe que siempre estuvo ahí, pero nunca tan importante como ahora. Por ahí ha entrado este precioso espécimen a desovar por vez primera. Perdida esta criatura ha errado el rumbo para convulsionar este apacible lugar. Más que para conmoverlo, para cambiarlo.

¿Será este el principio de una vida en conjunto, donde ambos dependan el uno del otro para que algo tenga sentido? ¿Será esta la primera de infinitas visitas donde año a año la relación de estos dos seres se haga más armónica, donde el espejo de agua deje de serlo por momentos con el único fin de dejar que tenga razón de ser el existir del salmón y, como contrapartida, tenga una razón de ser este paraje, que año a año esperará expectante el momento de la llegada de su única forma de vida interior? Sólo el tiempo lo dirá. El año entrante lo sabré.

Sin embargo el presente es complicado. Hoy por hoy este gran pececito no hace más que agitar las aguas y el espejo de agua no se ve armónico.

Me resulta raro que este lugar tan privado para mi haya sido "invadido", pero lo años dirán si fue una invasión o en realidad un complemento de algo que en ciertas circunstancias sentía que tenía esencia, pero que estaba en parte vacío debido a la falta de "algo" más, que tal vez, solo tal vez, sea esto lo que haya estado faltando.

Veremos que pasa, de todas formas lo que acontezca, sea lo que sea, será bueno o por lo menos eso espero.